#Label1 { font-family: Gruppo; font-size:12px; }

domingo, 9 de octubre de 2016

Por Siempre Jamás


Ahora que se ha ido, recuerdo historias que le contaba cuando era una cachorra redondita y peluda. Le decía que los perritos no vienen de París, que nacen en una berza pequeñita. Le aseguraba que había tenido una mamá de cuatro patas pero que luego, cuando vino a vivir a casa,  yo me convertí en su única mamita. Ella me miraba con cara inocente y adorable y me daba lametones: “lo que tú digas amita”.


En los últimos años retoqué ligeramente la historia de su nacimiento. Era tan tan buena y cariñosa que sólo podía haberse caído de una nube. Y ahora que ya no está, me digo para consolarme, que Lolita ha vuelto a su nube en cielo de los perros. Ese cielo que espero exista, porque quisiera reservar una plaza para mí y para mis seres queridos.


Recuerdo como le enseñé a ser respetuosa con los muebles de casa, y lo entendió tan bien que sólo destrozó la cesta de navidad de mimbre en la que dormía. Por las mañanas me encontraba los restos del banquete nocturno. Otras veces, al verse sorprendida en plena acción destructora, me miraba con ojos redonditos que parecían decír: “mi casita no entraba en el trato no?”.


En el parque, comentaban la rareza de su tamaño. Despertaba tiernos sentimientos con sus largas orejas y el aleteo de las pestañas. Era como un dibujo animado de Disney. Durante todos estos años he inventado nombres cariñosos para ella, hemos compartido paseos, tardes de sol en los bancos del parque, cenas con película, siestas en el sofá arropadas con una única mantita… Inolvidable Lolita mía.


Isabel Allende ante  la pregunta de un entrevistador, respondía que su perfume favorito era el olor de su perro. Suscribo la respuesta. Lola desprendía un aroma a amor, a entrega, a fidelidad, a todos esos tópicos que en su caso son verdad absoluta.


Quise compartir con ella hasta el último segundo, hasta el último latido. Siento que el cordón que nos une no se romperá nunca. Me asalta una descabellada angustia al pensar que cuando despierte del sueño eterno se va a asustar al no verme. Intento tranquilizarme, seguro que su nube tiene vistas a mi corazón y se sentirá segura y querida “por siempre jamás”.

Y así es como deben acabar los cuentos Lolita mía, vuelve tranquila a tu nube algodonosa a roncar feliz pancita arriba. Te quiero tierna y profundamente “por siempre jamas".


7 comentarios:

  1. Oh Esther. He pasado por tu blog para ver que nos contabas y me he encontrado con esta triste noticia. Lo siento mucho guapa, no se puede decir mucho en estos casos porque no hay palabras de consuelo y ademas tú lo has contado tan bonito.
    Un abrazo enorme.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Querida Esther, lo siento mucho. No puedo evitar llorar al conocer tu historia y la de lola. No me salen más palabras, solo quisiera darte un abrazo largo y fuerte.

    ResponderEliminar
  4. Qué bonita entrada le has dedicado.... yo también tuve un coker en color negro y no sabía lo que se le quería a un perro hasta que la perdimos.... Te entiendo perfectamente.

    ResponderEliminar
  5. Esther, me ha emocionado mucho leer la entrada que le has dedicado a tu preciosa Lola. Siento mucho tu dolor. En muchas de los post que has escrito, Lola aparecía siempre bonita y se notaba mucho el gran cariño que le tenías.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Querida amiga lo siento mucho. Una preciosa entrada recordando a Lola, se me han saltado las lágrimas.No tengo palabras...
    Un abrazo y un gran beso Esther.
    Un beso linda Lola.



    ResponderEliminar
  7. Esther siento muchisimo tu dolor, que pena me da que Bilbao no este a unas paradas de tranvia de aqui para darte un fuerte abrazo querida amiga. Lola siempre estará con vosotros, en vuestros corazones, piensa que ella estará muy feliz jugando y durmiendo largas siestas en su nube.

    ResponderEliminar