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viernes, 12 de julio de 2019

El Duendecillo y el Abacero



Por más que lo he intentado, no consigo recordar quién me regaló el libro. Han pasado muchísimos años desde que llegó a mis manos. Por el camino, perdió la característica sobrecubierta de la editorial Bruguera, pero las ilustraciones y la esencia de los cuentos perviven en las amarillentas páginas. 


Me gustan prácticamente todos, pero si tuviera que elegir un favorito, seguramente sería  "El duendecillo y el abacero". 


El duendecillo nos representa a todos nosotros. Noooo, no me refiero a las enormes orejas puntiagudas y a las pecas, nooooo. Hablo del conflicto entre la mente y el corazón, de los deseos y los dictados de la realidad, de lo material que nos mantiene prisioneros, y lo que alimenta el alma liberándonos.


El quilt para la bebecita de Mai está acabado. Tan radiante como un día de verano. La trasera, recuerda a un jardín multicolor a tono con el top. Flores, árboles, mariposas y libélulas. Es una suerte coser por amor al arte, echarle horas a cada proyecto mientras los bloques tarde a tarde, completan la idea original.


Es tiempo de envolver el quilt y pasar página. Disfruto tanto de los comienzos como de los finales, del brillo y de la sobriedad, de la soledad y de la buena compañía. Con la actitud adecuada, se gana siempre.😊














lunes, 5 de mayo de 2014

Las Costuras de la Vida

La extiendo sobre la alfombra, y el estudio se transforma en un sorprendente jardín. Estoy satisfecha con el resultado. Es la recompensa a largas horas con el hilo y la aguja. Me ha acompañado en tardes de lluvia, en vacaciones al sol y en escapadas a la nieve.


Esta no la voy a regalar. Viajará con nosotros en el asiento trasero del coche y arroparé picnics improvisados en cualquier rincón, siestas al resol bajo un árbol o los sueños que descabezo en los largos viajes, bueno… y en los cortos también.

Tengo varias labores empezadas, pero ya estoy pensando en una bolsa para mis zapatos de baile. Y debería ponerme al día con unos arreglos. Es un gusto poder adaptar lo que compro o convertirlo en una prenda diferente. 






Sería genial poder arreglar las Costuras de la Vida: estrecharlas para adaptarse a los cambios, abullonar las mangas a la alegría, subirle el dobladillo a los problemas o poner un parche o un remiendo a la tristeza…  Somos modistos y maestros de nuestra existencia así que… ¿por qué no optar por un estilo exclusivo y personal? Y que  triunfe la Alta Costura Vital.


martes, 28 de enero de 2014

Hacer o No Hacer...?

Parece que poner kilómetros de por medio ha sido la única forma de hacer un alto en el camino, y dejar de lado las interminables obligaciones. La falta de tiempo para hacer y pensar, es nefasta y acaba agotando… Aunque resulte contradictorio, en el apartado del “hacer”, incluyo y reivindico el “no hacer nada”.


Preparé una maleta simple con todo lo necesario para una semana de tranquilidad: escasa ropa, libros y la colcha para reparar mi largo abandono de la costura en el último mes.


Estos días he desayunado entre carcajadas con el humor inglés de David Knobbs y su “Caída y auge de Reginald Perrin”. Tenía un vago recuerdo de la serie (de los 80?) pero no la recordaba de una forma tan divertida.


También he terminado “Pan, educación y libertad” de Petros Márkaris. Me ha encantado su trilogía de la crisis: novela policiaca en la Grecia actual. Espero que nuestra economía siga otros derroteros, pero al paso que va…

Ya de vuelta a casa, espero con impaciencia terminar y colgar las cortinas nuevas de la cocina. En breve me comenzaré una nueva colcha con aplicaciones que fue amor a primera vista. Sííí´, lo sé… aún no he terminado de acolchar la anterior, pero queda mucho invierno y demasiadas tardes de lluvia.




lunes, 16 de diciembre de 2013

Mail from Lanzarote

Acabar de acolchar mis Retales Sorpresa entrará en el capítulo de buenos propósitos para el próximo año. Con el lío de las últimas semanas, incluso se me ha olvidado enviar las felicitaciones de Navidad.



La primera vez que oí en boca de un amigo argentino: "el lenguaje construye la realidad, flaca" me pareció un tanto exagerado pero leyendo un correo de mi tocaya Esther me lo replanteo...

Sus palabras destilan dulzura y cariño. Hasta sus hadas hechas con lana multicolor, son reflejo de su lenguaje y forma de ser. Aquí, en el norte, somos parcos tanto en el lenguaje como en los gestos. Pero bajo esa capa de aparente indiferencia aliñada con una pizca de hosquedad, somos tan mullidos como un cojín de fino plumón.

Cuando mi marido lee lo que escribo, opina temeroso: "suena ñoño". Pero yo me alegro, porque siento que me he desprendido de la corteza dura y además... ¿qué importancia podría tener?. Es por ello que cierro esta entrada y adopto la despedida de Esther, haciendo de sus palabras postal navideña y feliz deseo para el Año Nuevo: Adios linda, mil besos y mil flores




lunes, 7 de octubre de 2013

No Se Culpe A Nadie

Lo real y lo literario se funden en algunas ocasiones...  Me secaba el pelo en los vestuarios de la piscina, escuchando una samba, cuando vi por el espejo que se me acercaba presurosa, una gruesa y sudorosa señora. Farfullaba algo que los auriculares me impedían entender. Venía congestionada y ciertamente angustiada. Apagué la música tratando de entender: La pobre mujer había quedado literalmente atrapada en el traje de baño. Me costó sacarle los brazos de los tirantes y recolocárselos. No estaba muy bien, probablemente tomaba algún tipo de medicación. 

La situación en sí, me recordó un cuento de Cortázar:No se culpe a nadie”.  En él,  el personaje queda atrapado en un jersey de lana con un dramático final. La señora murmuró agradecimientos y allí me dejó; perpleja e imaginando qué otras desgracias le acontecerían al ponerse el gorro y las gafas.


Sucedió la semana pasada. Estos días, el acolchado de mis “Retales Sorpresa” está tan paralizado como la economía del país. Una maldita tendinitis en el antebrazo me ha retirado temporalmente de la aguja y el hilo.


lunes, 8 de julio de 2013

Entre Flores

Paseábamos por una tranquila zona sembrada de bonitas casas, cuando nos topamos con estos insólitos habitantes de jardín merecedores de acompañar a Audry Tatou en Amelie


La expresión de sus caras parece definir posturas antagonistas ante la vida: la rana sonriente y optimista al sol y el gnomo enfadado con el mundo por una nimiedad.  Real como la vida misma. No es más feliz quien más tiene, sino quien sabe disfrutar de las cosas sencillas a su alcance. Sí, seguramente la felicidad es, en gran medida, cuestión de  actitud.

Aprovecho la entrada para actualizar la colcha de retales que, de alguna manera, también recuerda a un jardín multicolor. Tengo ganas de acabarla, pero cuando el tiempo es bueno, siento la “llamada del verano” que  me lleva a pasar más tiempo fuera de casa. 



Antes me refería a los sencillos placeres… hace sol y la temperatura es buena para un  paseo con helado.  Marchando uno de coco y avellana…!




viernes, 10 de mayo de 2013

Tarde de lluvia

Llueve tras el cristal y la tarde discurre tranquila con los ronquidos de Lola a mi lado en el sofá como única banda sonora. Disfruto de una reconfortante  taza de té  mientras juego con mis retales  buscando la combinación ideal. Visto desde fuera, o desde el otro lado de la pantalla, podría parecer una absoluta pérdida de tiempo pero para cualquiera que comparta el gusto por los tejidos, por el color y por todo aquello hecho con amor seguro que resulta apetecible.

En fin…  que estoy enfrascada en Retales Sorpresa un quilt multicolor muy acorde con la estación. Está sacado del libro de Becky Goldsmith y Linda Jenkins, 100 Irresistibles Bloques. Espero que se convierta en una bonita manta de sofá bajo  la que soñar con nuevos proyectos…

Dije proyectos? Eso me recuerda que tengo pendiente montar un anillo inspirado por Pili, que un buen día apareció por clase con unos imaginativos anillos de botones cosidos a una goma elástica. La idea me pareció tan buena que inmediatamente la copié adaptándola: un precioso botón de nácar salvaje y dos cuentas brillantes para un anillo único y… muy asequible.

Anochece y sigue lloviendo...