Últimos días de Agosto. Creo que ningún año he deseado tanto que acabara el verano. La racha de desastres globales es desesperante. Sin acabar estos calores infernales entramos en la subida de precios de septiembre y todo lo que se avecina para antes de Navidad. Harta.
Pasamos el fin de semana en casa de unos queridos amigos en un pueblecito de León. Un pequeño placer desayunar por las mañanas frente a esa ventana... Suspiro por un pequeño jardín en el que comenzar el día con el ritual de un té con tostadas y mermelada casera.
En las imágenes no se aprecia pero he cometido un error garrafal que voy a intentar enmendar. Con lo poco que me gusta deshacer, toma dos tazas!
Además, hoy me he dado cuenta otro error en un bloque que estoy acolchando, es más pequeño que los demás. Entono el mea culpa, imprimí los patrones en días diferentes y no comprobé el tamaño.
Si estuviera en el pueblo de Mary, iríamos a recoger vainas y calabacines y el enfado se esfumaría en minutos.
Maggie se acerca y me toca con la patita. Quiere salir. Iremos a comprar pan y a la vuelta seguro que veo todo de otro color.