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lunes, 21 de octubre de 2013

Coloreando el Día a Día

La semana pasada estuvimos en el mercadillo. Yo busco tesoros en los puestos y Lola, restos de comida debajo de ellos. Las dos salimos contentas casi siempre: una cargada de bolsas y otra relamiéndose los bigotes. Las fotos prueban lo productivo de la incursión.





Los “paseadores de perros” disfrutamos del privilegio de deambular sin rumbo por cualquier lugar, sin una excusa en particular.

Pasear después de desayunar es especialmente productivo: planeo escapadas de fin de semana, nuevos proyectos de patch, practico pasos de baile, contemplo el cambio de las estaciones… Me gusta medir, día a día, cómo crecen las ramas de los árboles buscándose desde los lados del camino. Lentamente han creado una avenida porticada por la que camino erráticamente, mientras pienso en esas pequeñas cosas que transforman lo gris, en experiencia de color. A veces, incluso canto, pero muy bajito porque escucharme cantar supone una experiencia inenarrable. 

Estos paseos suelen acabar con una llamada en la que recuerdo a mi ocupado marido lo afortunados que somos. Sonríe al teléfono y quedamos para comer. Vuelvo a casa con paso ligero y Lola trotando a mi lado. En mi oído resuena un beso… qué más se puede pedir? 




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